Se cumplen tres años del fatídico día en que “el mercado” decidió trasladar al consumidor un margen que nunca pidió

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Boletín de AEMO: e-Olivar, edición nº 103
6 years 16 weeks ago

El balance de la campaña 2010-2011 es negativo, un calco a las dos anteriores donde seguimos produciendo por debajo de costes. Encefalograma plano en un triste mercado incapaz de remunerar al principal protagonista de esta agónica historia: el olivicultor.

Concluye otra campaña más con sabor agridulce para el sector en general, más ventas internacionales que absorben la creciente producción, pero claramente agrio para la pata productora de una mesa que ya podemos afirmar que está absolutamente coja.

No hay margen para nadie, al menos aparentemente, según demuestra el acertado estudio de la cadena de valor realizado por la Agencia del Aceite de Oliva, pero cuando esto ocurre es probable que existan claves que no se delaten en los fríos números. Lo que nadie duda es que, viendo los precios del aceite en los lineales, hemos trasladado al consumidor español un margen que nunca pidió y que, de hecho, no está sirviendo para nada y en ningún caso supone un aumento en ventas en el mercado nacional sino más bien al contrario.

Esta situación creada genera ciertas preguntas que deben tener una respuesta: ¿Es posible que todos los operadores de la cadena de un producto renuncien al más mínimo beneficio y lo mantengan?, ¿Alguien puede creer que se esté trasladando gratuitamente este margen a un consumidor que ni lo ha pedido, ni lo valora porque no compra más?, ¿Existirán otros factores colaterales no tangibles, ni medibles directamente en dinero, que estén creando esta situación?, ¿Cuáles son y a quién benefician?

Exponemos nuestra opinión:

-       España se ha convertido ya en un fenómeno particular a nivel mundial en cuanto a la guerra de la distribución para acaparar cuotas de mercado entre los consumidores. Esta guerra que comenzó con la trepidante expansión de un modelo de éxito, ciertamente eficiente, encabezado por la cadena de distribución Mercadona ha llevado a que el factor precio, inherente a la marca blanca, se haya convertido en el principal argumento de compra de los consumidores.

-       En esta guerra de captación de consumidores, vía precio, en la que todos los comercializadores entran, una vez abierta la veda por el líder, existen ciertos productos denominados “tráfico” que son claves pues suponen para el ama de casa el motor que genera la necesidad de compra. En nuestro país son la leche y el aceite de oliva. Tenemos la pólvora.

-       El aceite de oliva supone únicamente un 1% de la cesta de la compra de los españoles en valor, frente al 18% por ejemplo de las cervezas y bebidas alcohólicas, entonces la distribución sabe que el margen bruto que le va a generar este producto es mínimo frente a otros productos más elaborados. “No hay margen, busquemos otros beneficios paralelos”. Tenemos la mecha.

-       Esta doble circunstancia provoca que cierto día la distribución, inmersa en esa guerra sin cuartel para no perder cuota de clientes, decida que el aceite de oliva, por su prestigio y por ser un producto de primera necesidad en nuestro país, es el artículo perfecto para la portada de sus promociones a un precio sorprendentemente bajo.

-       A partir de aquí comienzan las ofertas cuyo objetivo último es ofrecer garrafas de 5 litros de aceite por debajo de los 10 euros, lo que ciertamente atrae al consumidor al establecimiento.

-       En este escenario la distribución aprieta a las envasadoras que, ya inmersas en la guerra de precios y con márgenes cada vez más bajos, presionan a las almazaras con operaciones temerariamente a la baja.

-       Las almazaras (cooperativas y privados) no cuentan con liquidez, ni tienen acceso a ella por la situación general de la economía, además son muchas y poco organizadas. Esto provoca que a su pesar tengan que acceder a estas operaciones ruinosas para sus intereses.

-       Los agricultores, a su vez, reciben las liquidaciones en función de estas operaciones a la baja y ven como sus costes son superiores a sus ingresos. Se ven impotentes ante tal situación pero no tienen, aparentemente, posibilidad de hacer otra cosa.

-       Por otro lado las grandes marcas tradicionales que venden especialmente en mercados exteriores ven con buenos ojos esta situación, puesto que el bajo precio del aceite en España marca el mercado mundial en origen y les permite comprar barato y ofertar en otros países con precios atractivos un producto con cada vez más prestigio y más demanda. Los márgenes son mayores porque fuera se vende más caro y además las ventas absolutas crecen cada mes. Lo dicho, están cómodos.

-       Y con la distribución nacional e internacional satisfecha con bajos precios del oliva en origen la situación se prolonga porque, entre otras cosas, mandan en el equilibrio del mercado al concentrar la demanda en pocas compañías frente a un oferta fuertemente atomizada y poco organizada.

-       Finalmente el consumidor, especialmente español, se encuentra un precio bajo, bajísimo para un producto como el aceite de oliva lo cual le sorprende. El tema es que no lo ha pedido, sino que se lo ha encontrado y que, en contra de lo que se transmite, está dispuesto a pagar más por este producto tan tradicional e indispensable en su cocina.

Pensamos que esta serie de factores encadenados están provocando esta dramática situación en el campo y que la solución, como se está empezando a plantear, sólo pasa porque el sector productor, unido decida de una vez por todas no vender el producto por debajo de un precio que remunere al olivarero, al menos, para cubrir costes.

Queremos decir con todo esto que en realidad, por unas razones o por otras, hemos trasladado un descuento adicional al consumidor que, no siendo necesario para mantener ventas, puede desestructurar la producción en origen, lo cual puede no tener vuelta atrás.

Hacemos pues un penúltimo llamamiento a la distribución para que tome nota y, en buena lid, utilice otros argumentos de venta y competición diferentes porque, al fin y al cabo, producción y distribución deben ser aliados y buscar objetivos comunes: ofrecer al consumidor productos eficientemente elaborados (desde el campo hasta el lineal), a un precio justo para todos y capaz de remunerar al primero de los escalones, al campo.

A partir de aquí podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que otros argumentos que leemos o escuchamos todos los días como el exceso de oferta, la falta de ventas, etc no son las causas reales de la bajada de precios del aceite de oliva, sino las que interesa que se digan.